A pesar de lo que pueda sugerir el título del libro, se advierte en su capítulo uno de introducción que no se van a "tratar los aspectos técnicos relativos a configurar y gestionar plataformas digitales, sino que se va a centrar en dar una visión global de sus concepciones comunicativa y educativa". Esta idea es acorde al nombre de la asignatura donde lo importante es el uso de los CMS como herramientas que permiten comunicar e intercambiar conocimientos de manera recíproca entre diferentes usuarios.
El capítulo uno de introducción arranca con la idea de que las personas no conciben Internet como algo que emplean para comunicarse, sino que usando Internet se sienten parte de un espacio virtual.
La autora continua mencionando que, en nuestra sociedad, los medios digitales se han popularizado por el abaratamiento de los costes y porque los programas y los sistemas operativos son cada vez más fáciles de usar. Asimismo, señala que estos medios avanzan a una gran velocidad y obligan al usuario a actualizar conocimientos, provocando que su papel sea cada vez más activo.
Sara Osuna destaca que la Unión Europea indicó en 1995 que "la sociedad de la información va a cambiar los métodos de enseñanza reemplazando la excesivamente pasiva relación discente/docente por una nueva relación interactiva". Actualmente, los entornos virtuales constituyen el medio más importante donde se establece esa nueva relación entre el profesor y el alumno.
Asociado a este avance en los medios digitales aparece una nueva forma de analfabetismo que provoca, entre otras consecuencias, que determinados ciudadanos no puedan acceder a "las plataformas digitales que componen Internet".
Sabemos que los analfabetos no saben codificar y decodificar los signos escritos de un lenguaje, es decir, que se trata de "personas desposeídas del código simbólico más potente que conocemos". Además, ha aparecido un nuevo tipo de analfabetismo funcional en esta sociedad postindustrial en la que vivimos. La UNESCO lo define como "una persona que, aún sabiendo las reglas básicas de la lectoescritura, no es capaz de interpretar la realidad que le rodea".
La autora cita a Andy Hargreaves que en 2003 destacó que "la sociedad del conocimiento es una sociedad del aprendizaje. Las economías industriales necesitaban trabajadores para las máquinas y las economías del conocimiento necesitan trabajadores del conocimiento" que, como bien señala Sara Osuna, deben estar alfabetizados.
También hay que destacar la idea de que Internet ha cambiado "radicalmente la concepción de espacio y tiempo".
Según Jorge Adell, Internet y las TIC en general aportan al ámbito educativo nuevas posibilidades y limitaciones porque son un medio donde se almacena y difunde información y porque proporciona, además, un nuevo espacio para la actividad económica y puede favorecer a las minorías culturales. Sin embargo, la información no está sistemáticamente organizada.
Según Jorge Adell, Internet y las TIC en general aportan al ámbito educativo nuevas posibilidades y limitaciones porque son un medio donde se almacena y difunde información y porque proporciona, además, un nuevo espacio para la actividad económica y puede favorecer a las minorías culturales. Sin embargo, la información no está sistemáticamente organizada.
Otra vez Andy Hargreaves hace varias reflexiones interesantes refiriéndose a "las políticas educativas nacionales dirigidas por el fundamentalismo del mercado (la creencia indestructible, incluso ante la evidencia, de que los mercados sin trabas ofrecen el mejor camino hacia la prosperidad) reducen sus sistemas a producir logros básicos y estandarizados y a reducir los costes para liberar la economía. Pero una economía del conocimiento avanzada necesita un sistema educativo construido por el estado que alimente activamente la economía y no sólo la libere".
El capítulo concluye con otros problemas derivados del uso de Internet. Como este espacio proporciona una gran cantidad de información, podemos tratarla siguiendo la ley del mínimo esfuerzo (por ejemplo, el uso que muchos alumnos de diferentes niveles educativos hacen de El rincón del vago). "Y como consecuencia de ello, comenzamos a despreciar aquello que exige algún tipo de esfuerzo intelectual", debido probablemente "a la atomización de la información y la idea de la velocidad desenfrenada a la que vivimos".